31 Minutos, la película.

31 Minutos, la película, me inflama el corazón. Es el llamado de alerta, en formato celuloide, al impostergable retorno a lo básico. A la espuma, la lana y los botones de los cuales están fabricadas las marionetas que protagonizan esta aventura sencilla e hilarante en rescate de Juanín Juan Harry, el vapuleado productor del noticiero de ficción.

Mientras observaba los trailers previos a la proyección, repletos de explosiones, efectos especiales, presupuestos con muchos ceros a la derecha y sobrevaloradas estrellas cuya sola tarifa excede el costo total de la cinta chilena, reafirmo mi gusto personal por lo simple.

Y es que resulta casi imposible no adorar al pequeño peluche blanco que hace de Juanín, pedaleando su minúscula bicicleta a través de una autopista. O no estallar en risa con las geniales intervenciones de Juan Carlos Bodoque. En cada detalle, y vaya que los hay, se percibe el cariño de los realizadores por su creación.

Un siete. Porque esperé mucho para verla y porque si los hilos de las títeres se ven, mucho mejor.